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(Eta(m): la estrategia de la desestabilización
como camino hacia la negociación política)
1.
Introducciòn
La La estrategia antiterrorista
exige un conocimiento profundo y detallado sobre la estructura,
métodos y procedimientos del grupo antagonista. Pero por encima de
todo, exige comprender el porqué de sus acciones, los motivos de su
lucha, el fin perseguido. O lo que es lo mismo: su
estrategia.
Olvidar que el grupo terrorista E.T.A.(1) es una organización viva,
con un gran dinamismo interno, es ignorar su asombrosa capacidad de
adaptación a las incidencias internas o externas que a lo largo de
su historia han actuado sobre su complejo organizativo, provocando
profundos cambios en su estructura, funcionamiento y procedimientos
(siguiendo, no obstante la creencia general, criterios más de
oportunidad que de idoneidad o capacidad). Con todo, se ha
mantenido siempre firme en sus fines. Es ésta la importancia del
análisis de su estrategia: en un ente evolutivo que en lo tangible
cambia permanentemente, lo fundamental en lo ideológico apenas
sufre variaciones respecto a la línea inicialmente
preestablecida.
2. Evoluciòn del
grupo
ETA, organización revolucionaria e
independentista de metodología terrorista, nació en 1959 de la
fusión de un grupo radical de estudiantes llamado EKIN y una rama
escindida de las juventudes del Partido Nacionalista Vasco (EGI).
Hoy, 42 años despues, más de novecientas víctimas mortales, miles
de heridos y daños por valor de varios miles de millones de
pesetas, conforman la tarjeta de presentación de una banda
terrorista que, tras múltiples transformaciones y cambios, ha
devenido en la vanguardia de un enrevesado entramado socio-político
denominado MLNV (Movimiento de Liberación Nacional Vasco)(2).
La ETA de nuestros días es el poso histórico de la fracción
minoritaria expulsada de la VI Asamblea de ETA celebrada en 1970;
fracción que bajo las siglas "ETA-V Asamblea" asumió la legitimidad
histórica de la organización. Posteriormente, en 1975, se
produciría otra crucial escisión fruto de la cual aparecerían las
ramas "militar", ETA(m), y "político-militar", ETA (pm).
A diferencia de ETA(pm), que propugnaba una acción coordinada de la
lucha de masas y la lucha armada, ETA(m) haría valer el postulado
de una simple tolerancia a la lucha de masas, considerando
independiente a ella la lucha armada. En pocas palabras, para
ETA(pm) "algo" cambió en España con la transición hacia la
democracia. Para ETA(m) "nada" había cambiado.
En ETA(pm) permanecerían los dirigentes más preparados y de mayor
talla político-ideológica, que protagonizarían diversas escisiones
y separaciones hasta llegar a la desaparición total del grupo en
1984 (disolución a la cual coadyuvaron no poco las medidas de
reinserción ofrecidas por el Gobierno español en 1982).
3. La negociaciòn
polìtica
ETA(m), la ETA que hoy padecemos, es
pues el superviviente histórico de todo aquel proceso. Cada vez más
desertizada ideológicamente, y plenamente convencida del papel
primordial y casi exclusivo de la lucha armada, hoy se aferra de
manera "integrista" a la "estrategia de la desestabilización",
dirigiendo con sus pistolas, de forma monolítica y autoritaria, la
totalidad del MLNV.
"Estrategia de la desestabilización" que no es sino una revisión
táctica de la "estrategia de la negociación" inciada allá por
1974(3), cuando en la antigua "alternativa KAS" (hoy llamada
"alternativa democrática") la banda terrorista definió sus
reivindicaciones. La negociación con el Estado español se
presentaba -y se presenta todavía hoy- como un primer objetivo
táctico, a través del cual se llegaría a la consecución del
objetivo estratégico final, la "alternativa KAS": un País Vasco
reunificado(4), independiente, socialista y euskaldún(5). Sin
embargo, las diferentes aproximaciones negociadoras que han sido
realizadas a lo largo de la historia demuestran que, lejos de un
acuerdo con el Estado español, ETA(m) pretende, irrenunciablemente,
la imposición de esos cuatro puntos. Es decir, aquellos son los
puntos de partida para llegar a un consenso; bajo esa óptica la
negociación se limitaría tan sólo a definir las formas y los
ritmos; los objetivos a alcanzar no son negociables.
No parece aventurado afirmar, a tenor de lo expuesto, que con la
negociación política ETA(m) persiga, más que su contenido en sí, el
hecho de la misma. Con la negociación la banda terrorista obtendría
el reconocimiento de fuerza política representativa, siendo así
entonces que su violencia sería política y, por consiguiente,
legítima. ETA(m) alcanzaría de este modo paladín un status de
igualdad con el Estado, y por ende accedería al monopolio de la
violencia: he aquí el gravísimo riesgo que, para el Estado español,
esconde la trampa negociadora.
En 1995 la banda terrorista publicó en el diario EGIN(6) un
comunicado expresando en términos concretos, tras numerosos años de
teorización, la forma en que debería desarrollarse la actividad
negociadora. La postura tradicional de ETA(m) había sido, hasta
entonces, la aceptación de un cese de la actividad terrorista una
vez pactadas con el Gobierno las condiciones formales de los
contactos. Ahora, por el contrario, la tregua de ETA(m) no será el
gesto que facilite la puesta en marcha de las conversaciones, sino
un hecho que se producirá al final del diálogo(7), cuando el
Gobierno haya cedido a las demandas de la banda. Es, en definitiva,
un endurecimiento posicional que tiene su origen en la necesidad
histórica que siempre ha tenido ETA (m) de sentirse
psicológicamente fuerte.
ETA(m) además olvida - deliberadamente - otro aspecto, quizá el más
trascendental: el Estado español - un estado democrático y de
derecho cualquiera - no puede ofrecer a cambio de paz ninguna
concesión política. Paz por presos sería negociable; paz por
soberanía, absolutamente no.
4. La estrategia
de la desestabilizaciòn
Tras la caída de la troika de
Bidart(8) ETA(m) comprendió que el valor primordial a defender era
la propia supervivencia, para lo cual readecuó las características
de sus actuaciones. Se consideró así que mantener - como había
ocurrido durante décadas - los ataques terroristas contra miembros
de las Fuerzas de Seguridad y las Fuerzas Armadas, acaba
convirtiendo la lucha armada en una guerra particular contra la
policía y el ejército, una guerra que el Estado podía resistir
indefinidamente sin apenas contradicciones internas. En una
situación tal, el grupo terrorista se desgastaba sin obtener ningún
beneficio y lo que es más, sin tener ni siquiera perspectivas de
lograrlo.
Se trataba, en definitiva, de diseñar una estrategia capaz de
compatibilizar una reducción de riesgos con el mantenimiento de la
presión sobre el Gobierno. En la primavera de 1994, ETA(m) informó
a HB(9) y KAS(10) acerca de esta nueva estrategia de la
desestabilización, línea oficial de la banda desde entonces.
Basándose en las propuestas aportadas por una docena de presos
encarcelados en Francia y España, la dirección de la banda elaboró
un documento del que se conocen algunas líneas maestras de
actuación.
En lo que respecta a la lucha armada, los líderes políticos de los
llamados partidos "españolistas"(11), el Partido Socialista Obrero
Español (PSOE) y el Partido Popular (PP), periodistas, empresarios
e incluso algunos miembros de la Policía Autónoma Vasca, pasaban a
engrosar la lista de objetivos terroristas de ETA(m). "El día que
vayan al funeral de un compañero de partido, -afirmaba textualmente
la documentación etarra en relación a los políticos- cuando vuelvan
a casa, quizás piensen que es hora de encontrar soluciones, o tal
vez la próxima vez les toque estar en el lugar del otro (o sea, en
una caja de pino y con los pies por delante)".
Se ha dejado paso de este modo a espectaculares y selectivas
acciones terroristas, de gran impacto social, que se enmarcan
dentro de esta nueva estrategia. Es precisamente la "calidad" del
atentado lo que compensa su menor número, preservando la seguridad
de los comandos y la cúpula de la banda, evitando catástrofes como
la de 1992 o desarticulaciones de comandos debidas a la
precipitación inherente a una actividad demasiado elevada.
En una situación de duro enfrentamiento como la que se dibuja en la
"estrategia de la desestabilización", ETA(m) necesita
insoslayablemente el cierre de filas político; es, en este sentido,
bien significativa la actual ausencia de reacciones críticas a los
atentados perpetrados contra políticos, periodistas y empresarios,
a diferencia de la cadena de disenciones que estas acciones
provocaban hace algunos años. Así pues, homogeneizando las
posturas, cerrando toda suerte de fisuras internas en el seno del
MLNV, es como ETA(m) ha programado el actual periodo histórico de
"travesía en el desierto". El corolario es sencillo: no existe idea
de retroceso. Se pretende forzar la negociación (eufemismo etarra
de imposición) mediante la desestabilización. Y punto.
5.
Consideraciones finales
No escapa a los ojos de ETA(m) el
rechazo social que sus acciones provocan hoy día en la mayoría del
pueblo vasco: la banda terrorista es consciente de ser
representativa de una minoría de la sociedad vasca. Sin embargo, en
contrapartida, se considera dinamizadora y autora de los avances
conseguidos en capacidad de autogobierno y autonomía política.
Asume de este modo el papel de vanguardia dentro del MLNV,
convencida de su rol fundamental a la hora de forzar las
condiciones que den paso a la negociación política, "negociación"
que concluiría como ya se ha apuntado, en un Pais Vasco
reunificado, independiente, socialista y euskaldún.
Así las cosas, el sector de la sociedad nucleado en torno a ETA(m)
se encuentra, de forma casi irreversible, estancado numéricamente.
Si a ello se añade el aislamiento social que padece, no son
descabellados los escenarios de historia-ficción donde algunas
zonas del País Vasco sufrirían una "ulsterización", dada la mayor
presencia de sectores de apoyo al grupo terrorista.
Tal y como se ha referido, el MLNV se halla entonces aislado, pero
a la vez se encuentra fuertemente cohesionado -pese a irrelevantes
elementos disidentes aireados con gran estruendo por los mass
media-. Es la propia idea de la negociación el polo de referencia,
la idea-fuerza que mantiene ilusionado al entorno abertzale de
apoyo a ETA(m). En esta situación, ETA(m) se impone como factor de
cohesión y también de coerción: no existen las derrotas, sino las
traiciones personales.
En línea con lo establecido la estrategia terrorista presenta, cada
vez más, los visos de una auténtica huida hacia adelante, en lo que
es una claro proceso de búsqueda de una salida airosa a la lucha
armada, evitando que ésta no aparezca, desde la perspectiva
histórica, como un fracaso. Parece irremediable pensar entonces que
en las actuales circunstancias, con un estancamiento de las
variables del conflicto, éste queda reducido a un desgaste más o
menos lento para ETA(m) y su complejo de apoyo.
En el contexto de la defensa a ultranza de unos postulados
intransigentes e inamovibles, el proceso evolutivo del fenómeno
terrorista se antoja, a medio-largo plazo, enquistado y encallado
en el tiempo. Con ocasión del atentado perpetrado en 1995 contra el
presidente del Partido Popular, José Maria Aznar, el diario
británico "The Times" interpretó el mismo como una muestra de la
"deses-
peración" de ETA, lo cual viene a resumir en cierto modo lo aquí
expuesto: la ETA actual, mientras al otro lado de la mesa encuentre
un Estado no dispuesto a aceptar soluciones no democráticas en el
marco de una democracia, tendrá que buscar atajos.
Resultan, para concluir, casi proféticas las palabras del
desaparecido dirigente de ETA(m) Txomin Iturbe Abasolo, que
encierran el significado de la fuerza política "real" de la banda
terrorista, sus armas: "Caerán los comandos, caerán los zulos(12),
caerá la dirección, y ya no tendremos nada que
negociar". |